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Probablemente uno de los criterios técnicos más difíciles de comprender, debido a que las escápulas (también llamadas omóplatos) se sitúan fuera del alcance visual. Por eso esta semana hemos querido dedicarla a la estabilidad de la cintura escapular, es decir, a la posición de las escápulas y las clavículas.

Cuando decimos en una clase de pilates: “escápulas estabilizadas”, nos referimos a una posición plana de éstas con respecto a la caja torácica (“como si nos quisiéramos meter las escápulas en los bolsillos traseros de los pantalones”)  y sin tensión (“como si las escápulas estuvieran flotando”). Para conseguir esta estabilización dirigimos suavemente las escapulas hacia abajo (depresión) y hacia el centro (addución o retracción),dibujando una “V” con ellas. Al estabilizar las escápulas podemos aislar los movimientos de éstas de los del cuello, hombros y caja torácica, y así evitar tensiones innecesarias.

Uno de los errores más comunes es bloquear las escápulas en lugar de estabilizarlas. Cuando algo se bloquea carece de movimiento y al final absorbe toda la tensión, cuando algo se estabiliza se siente control y libertad al mismo tiempo. Por eso la visualización “como si las escápulas estuvieran flotando”, ayuda mucho a reducir el exceso de tensión en músculos globales como el pectoral y el dorsal, y más activación en músculos profundos como el serrato, el trapecio medio e inferior y romboides.

Esta semana seguiremos practicando estos ejercicios en clase, de momento os lanzo esta pregunta…

 

Irene Núñez Penalva